REVIEW

Crítica Nope (2022)

Nope

Crítica ¡Nop! (2022)

Crítica Nope

La Sociedad del Espectáculo

Dirección y Guion: Jordan Peele  Fotografía: Hoyte van Hoytema  Música: Michael Abels  País: Estados Unidos  Año: 2022  Duración: 130 min.  Con Daniel Kaluuya, Keke Palmer, Brandon Perea, Steven Yeun, Terry Notary, Donna Mills, Michael Wincott, Barbie Ferreira, Jennifer Lafleur, Ryan W. Garcia, Sophia Coto, Andrew Patrick Ralston.

EN CINES

3/5

Nope: La Sociedad del Espectáculoa historia de los afroamericanos en los Estados Unidos es el guion de una película de terror. Nadie lo vio tan claro como Jordan Peele, que en sus dos primeras películas (Get Out, 2017 y Us 2019) puso en escena los miedos y traumas de su comunidad e invirtió la imagen que al país le gusta dar de sí mismo con un cine-espejo que reflejaba las miserias y patologías escondidas en el inconsciente colectivo norteamericano. 

Nope (¡Nop!) está atravesada por la función que cumplieron los negros dentro de la industria cinematográfica, pero el director está menos enfocado en abordar cuestiones raciales que en hacer una radiografía de la cultura contemporánea: un sistema que todo lo convierte en espectáculo y en el que las personas se entregan voluntariamente a la mirada del Otro.

Los tropos del terror psicológico siguen ahí, haciendo funcionar la primera parte de la película con un ambiente saturado de tensión, donde el cielo se convierte en una amenaza fantasma -un equivalente atmosférico al océano de Jaw (Tiburón, Steven Spielberg, 1975)- y los animales domesticados parecen querer volver a su estado primitivo. Peele sabe manejar el suspenso, divide en el relato en subtramas, arma un rompecabezas conceptual organizado sobre la acumulación de indicios que giran alrededor de la ambigua relación que tenemos con las imágenes, de la fascinación que provoca lo desconocido. 

Nope comienza con una cita: “Te arrojaré inmundicias. Te haré vil. Y te convertirás en un espectáculo”. Algo que podría haber escrito Guy Debord en La Sociedad del Espectáculo –ese manifiesto filosófico que denunciaba en plena efervescencia contracultural de los 60’s que toda vida se había convertido en su representación, que ya no se trataba tener experiencias reales, sino de aparentar haberlas tenido-, pero que está sacada del Antiguo Testamento. Ser un espectáculo es eso: no tener subjetividad, ser pura apariencia que se ofrece a la mirada y al goce ajeno. 

Crítica ¡Nop! (2022)
Daniel Kaluuya y Keke Palmer.
Crítica ¡Nop! (2022)

Las primeras escenas de Nope grafican esta idea de un modo inquietante: un mono vestido como un niño, con gorro de cumpleaños, acaba de matar a casi todo el elenco de la sitcom que protagoniza. Luego es el cielo el que se rebela: una lluvia de objetos metálicos cae sobre el terreno de una casona ubicada en lo alto de una colina en las afueras de Hollywood, matando al patriarca de una familia domadora de caballos que alquila los animales a los estudios y a las agencias de publicidad. Sus hijos OJ Haywood (Daniel Kaluuya) y Emerald (Keke Palmer) continuarán con esa tradición familiar, iniciada al mismo tiempo que comenzaba el cine.

Peele parte de los orígenes de la modernidad para contar su historia: si el mono recuerda al primer cuento moderno, Los Crímenes de la Calle Morgue (1841) de Edgar Allan Poe, OJ y Emerald son los descendientes del protagonista de las primeras imágenes en movimiento: las capturadas por Eadweard Muybridge, que en 1872 tomó fotografías de un caballo al galope y luego las reprodujo en continuidad en un video de 2 segundos -se dice que fue el encargo de un agente de la Bolsa, que había apostado a que había un momento en que los caballos no apoyaban ningún casco en el suelo-. El jinete era negro: un Haywood.

“El primer doble, entrenador de caballos, estrella de cine, todo en uno”. Un antepasado que Peele utiliza para contrastar no sólo el anonimato del jinete con la obsesión contemporánea por la fama, sino como un representante de la invisibilidad de los afroamericanos en una industria que los estereotipó y estigmatizó durante más de 50 años.

Crítica Nope (2022)
Crítica Nope (2022)
Daniel Kaluuya y Keke Palmer.

Si Get Out y Us eran alegorías abiertamente raciales, Nope utiliza los mismos recursos metafóricos con fines distintos: pretende abarcar su tiempo a través del pasado. Porque la segunda mitad de la película se instala definitivamente en el territorio de una ciencia ficción vintage en la que resuena los films clase B de los 50’s y sobre todo Encuentros Cercanos de Tercer Tipo (Steven Spielberg, 1977). Lo que en un comienzo era la sensación de que algo conspiraba en el cielo, se transforma en la cacería mediática de un alien gigante en forma de ojo que devora lo que lo mira. Ver y ser vistos, de eso se trata Nope.

OJ y Emerald usan todo un arsenal tecnológico para su objetivo: capturar la imagen de esta cosa cuya verdadera naturaleza aún no conocen. Quieren dinero, quieren fama. Convertir lo extraño en un espectáculo. Para eso contratan a un veterano director de cine (Michael Wincott) -una especie de alter ego de Peele: “hago una película para los estudios y una para mí”- el artista kamikaze en busca de reinventar el discurso en el plano perfecto de un depredador.

Nope es la película más personal de Peele, en la que intenta recuperar la inocencia perdida de la imágenes, aquellas que provocaban asombro y fantasía, transformadas en un sensacionalismo barato por el cine y los medios.  Una película hecha desde el amor al género de ciencia ficción, pero que puede ser leída desde el estado vigilante de Foucault -el panóptico que funciona gracias a la presencia coactiva de la mirada y a su fantasmal amenaza potencial- y a la ontología de la mirada de Sartre y Lacan.

Los espectáculos, como la mayoría de los otros artefactos de la cultura pop, se basan en la crueldad y en la explotación, y Nope hace reflexionar sobre cómo incorporamos ese conocimiento a nuestro consumo de ellos, sobre la pulsión de muerte que se esconde al ofrecerse a la mirada del Otro.

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