REVIEW

Crítica Escalera al Infierno (2022)

The Cellar

Crítica Escalera al Infierno

Crítica Escalera al Infierno

La Indeterminación del Espacio

Dirección y Guion: Brendan Muldowney   Fotografía: Tom Comerford   Música: Stephen McKeon  País: Irlanda   Año: 2022   Duración: 94 min.  Con Elisha Cuthbert, Eoin Macken, Dylan Fitzmaurice Brady, Abby Fitz, Aaron Monaghan, Andrew Bennett, Tara Lee.

EN CINES

2.5/5

The Cellar: La Indeterminación del Espaciol cine de terror está en plena etapa de transición, en la que algunos directores tratan de adaptarlo a la nueva configuración del mundo (Jordan Peele), con un nuevo tratamiento inmersivo en la psicología de los personajes (Robert Eggers, Alex Garland, Scott Derrickson) o con una estilización elaborada que expande la sintaxis cinematográfica del género (Ti West, David Robert Mitchell). The Cellar (Escalera al Infierno) busca en la indeterminación del espacio de la física cuántica una clave para abrir la puerta a mundos infernales. 

La película comienza con una familia tipo que se muda a una antigua mansión rural comprada en una subasta. Keira (Elisha Cuthbert) y Brian Woods (Eoin Macken) son un matrimonio que trabaja para una multinacional haciendo un servicio social: cómo manipular a los adolescentes con campañas falsas de marketing para promover la competencia en las redes. Un tema interesante que queda inexplorado, que Muldowney solo utiliza para poner en escena otro, uno de los fetiches de esta clase de largometrajes: la culpa paternal. 

Porque esta pareja estudia los comportamientos de los jóvenes, pero no conocen a su propia hija Ellie (Abby Fitz), una adolescente rebelde que es acosada y sufre bullying en sus redes. Cuando una noche desaparece de la casa sin dejar rastros, sus padres se dividen entre el escepticismo y la sospecha: Brian cree que se escapó; Keira comienza a intuir que la casa tiene un lenguaje secreto -hecho de símbolos, cuadros, letras grabadas sobre las puertas y una fórmula tallada al pie de la escalera del sótano- que explica qué pasó en realidad con su hija.

Crítica Escalera al Infierno
Crítica Escalera al Infierno

Los sótanos han dado grandes momentos al género como escenario privilegiado para los secretos más oscuros del ser humano. Incluso tuvieron su revival este año en Barbarian (Zach Cregger) y en Black Phone (Scott Derrickson). En The Cellar es el lugar de las desapariciones, la puerta a otra dimensión, la línea directa con el infierno. Muldowney intenta filtrar a través de los clichés del gótico enigmas de origen matemático (las ecuaciones cuánticas de Schrödinger -un gato en una caja está vivo o está muerto. No lo sabremos hasta que abramos la caja. Mientras tanto, está vivo y muerto a la vez-) y bíblico (la bestia marina Leviatán, uno de los representantes de la trinidad demoníaca).

Pero The Cellar hace lo nunca debería hacer una película: no confiar en sus propias premisas, en la capacidad del público para interpretarlas. Estos signos que relatan el más allá y su relación con la casa son presentados de manera orgánica, pero su resolución es demasiado fácil y restrictiva. 

Muldowney no expande el universo que propone sino que lo reduce a eslóganes básicos, para que la película termine pisando terreno conocido del terror: la exploración de la casa a través de una serie de movimientos lentos de cámara panorámica que se demoran en la puerta del sótano; una música que manipula los momentos que deberían generar incomodidad; luces parpadeantes; hechizos de invocación grabados en un disco de pasta que pertenecía a la familia que anteriormente habitaba la casa.

The Cellar parece una remake de The Hallow (Corin Hardy, 2015), The Hole in the Ground (Lee Cronin, 2019) y The Closet (Kwang-bin Kim, 2020). Una película demasiado esquemática que explora los viejos tropos sin sublevarlos, reproduciéndolos en un loop infinito y que no quiere tomar los riesgos mitológicos y cuánticos que insinúa, permaneciendo como un catálogo de clichés del género, un déjà vu gótico en su viaje al fin de la noche.

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