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El final de Nadie Podrá Salvarte, explicado

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El final feliz de Nadie Podrá Salvarte pone en escena la negación de una verdad que no se quiere conocer.

Nadie Podrá Salvarte (No One Will Save You) reescribe el clásico sci fi de los 50’s Invasion of the Body Snatchers (La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos) y le suma el tópico de terror de asedio al hogar y persecución obsesiva. Es una película que vive y muere gracias a la actuación antológica de Kaitlyn Dever como Brynn, una chica con un pasado trágico y un secreto que explica su soledad, que tiene que enfrentarse a un grupo de extraterrestres que intentan apoderarse del mundo a través del snatching, un proceso parasitario que reemplaza las emociones de un ser humano por su versión feliz, y así hacerlo controlable.

La película es un tour de force hecho de hostigamiento y desesperación, una cacería en loop en la que Brynn finalmente es llevada a la nave espacial, donde los extraterrestres indagan dentro de su mente y ven la culpa que ha estado cargando los últimos diez años: su pelea en el bosque con Maude, en la que su mejor amiga termina muerta. Brynn se convierte en una paria, encerrada en la casa de sus padres fallecidos, trabajando para gente que no vive en el pueblo. En soledad, se inventa un mundo de fantasía, hecho de modelos a escala, como una forma de escapar de su realidad.

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Kaitlyn Dever, Nadie Podrá Salvarte, Star+

Brynn se convierte en parte de la sociedad alienígena en Nadie Podrá Salvarte

El body snatching es un subgénero del cine de terror (remakes de la película de 1956 de Don Siegel, The Thing, Slither, The Faculty, Get Out) que se abre a metaforización de la experiencia humana: no son freaks exóticos diferenciables, sino personas comunes ubicadas en un lugar fronterizo entre la familiaridad y la otredad.

En Nadie Podrá Salvarte, los extraterrestres se apoderan de los cuerpos de los habitantes de la comunidad a través de criaturas que se alojan en sus gargantas para convertirlos en autómatas. Después de analizar la psicología de Brynn, deciden que ella podría convertirse en parte del mundo que están reconstruyendo. La última secuencia la muestra en un ambiente idealizado -el suburbio elegante de colores pastel y un baile que parece sacado del Hollywood de los 50’s-, con todos los amigos que hace tiempo no son parte de su vida.

En una entrevista, el escritor y director de la película, Brian Duffield explicó sobre este final: “Sabía que el final necesitaba tener algo comunitario para Brynn. Me encanta el personaje, y sé que a Kaitlyn también, y creo que ambos fuimos muy protectores con ella. Brynn ha lidiado con muchas cosas emocionales, incluso antes de que comenzara la película. Sentí que podía hacer algo como A24 o un final con su muerte o lo que sea. Pero ella me gustaba demasiado como agregar sal en tantas heridas. Así que quería que ella estuviera mejor al final que al principio de la película, sin importar qué”.

“Quería que ella tuviera algún tipo de elemento comunitario, porque es una parte importante de la película que ella no tiene una comunidad. Entonces pensé, bueno, ¿qué sería eso de comunidad? ‘Oh, probablemente haría un baile…’ pero eso era demasiado loco, y luego nunca se me ocurrió otra idea. Así estaba en el guion, y yo siempre pensaba: ‘Bueno, en algún momento alguien me va a decir que no’. Pero nunca sucedió”.

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Kaitlyn Dever, Nadie Podrá Salvarte, Starz+

Nadie Podrá Salvarte y su final feliz

Las películas body snatching, con su abducción del cuerpo y el espíritu, canjean la figura humana por su propia imagen, un fantasma vacío librado de accidentes, condición de la fábrica de simulacros -para tomar la teoría de Baudrillard- en las sociedades virtuales. Una vida sin problemas -como las que exhiben las redes sociales-, a la manera planteada por Aldous Huxley en Un Mundo Feliz, con su droga (el soma) de la felicidad.

Si las invasiones externas de esas películas se pueden leer como una metáfora de la amenaza del Otro (comunistas, extranjeros, terroristas, cualquiera designado el enemigo circunstancial en una época), Nadie Podrá Salvarte le da el giro postmodernista, que coloca al enemigo en el propio yo. Los aliens somos nosotros. Los extraterrestres de la película representan y hacen visible el sentimiento de culpa que siente Brynn por haber matado a su amiga. Ella se ve obligada a confrontar su pasado.

El final feliz de Nadie Podrá Salvarte produce una tensión angustiante. Cualquier tipo de alegría que se pueda ver en el rostro de Brynn mientras baila con sus nuevos amigos se vuelve incómoda, como si fuera la negación de una verdad que no queremos conocer. Al igual que sus modelos, esta es una imitación idealizada de la vida y la amistad, una fantasía que oculta la aterradora realidad de todo lo que le sucedió. Puede parecer que ahora Brynn está libre de la soledad, pero acaba de cambiar la realidad por un simulacro. Un mundo nuevo y perfecto construido sobre los restos de la aniquilación de la humanidad.

Nadie Podrá Salvarte está disponible en Star+.

Mirá el tráiler a continuación:

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