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Crítica Evil Dead: El Despertar | Déjalos Sangrar

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Evil Dead: El Despertar podría calificarse de elevated fan service: Lee Cronin no solo pone en escena el espíritu de la franquicia, la satura de referencias y micro remakes, sino que le inyecta su propia personalidad con una atmósfera infecta, buenas actuaciones e ironía postmoderna.
3/5

Crítica Evil Dead: El Despertar de Lee Cronin

Jean-Luc Godard dijo que todo lo que se necesita para hacer una película es una chica y una pistola; a Evil Dead le alcanzó con una mano sosteniendo una motosierra: es el punto de no retorno del gore, en el que la violencia homicida se lleva a esa frontera en la que deja de ser repulsiva y se vuelve surrealista.

The Evil Dead (Sam Raimi, 1981) se convirtió en un clásico de culto por llevar el género hacia el absurdo con océanos de sangre y un tratamiento vanguardista, en el que la creatividad estaba puesta en las formas mejoradas de matar gente mezclada con la lisergia estética de Jean Cocteau y las topografías del horror de Roman Polansky. En Evil Dead II (Sam Raimi, 1987) todo se vuelve más lúdico y más ridículo: un viaje de LSD que era menos una película de terror que un vodevil enloquecido con la muerte. Fuck art. Let’s dance.

Al igual que la versión de 2013, Evil Dead: El Despertar (Evil Dead Rise) mantiene la política hipersataruda de la franquicia, pero se aleja de la diversión bizarra de Raimi para establecerse como diversión seria de terror convencional. Pero donde Fede Álvarez es sombrío y desprovisto de algo parecido al humor, Lee Cronin sabe controlar el caos, es racionalmente delirante cuando ofrece las dosis justas de nostalgia, violencia e ironía para que se sienta parte de la tradición y a la vez única en su especie.

Crítica Evil Dead: El Despertar | Déjalos Sangrar
Evil Dead: El Despertar

Evil Dead: El Despertar: La Sangre Derramada

Es el tiempo del terror urbano. Al igual que Scream 6, la película sale de su hábitat natural para radicarse en la ciudad. La cabaña en el bosque es apenas el recuerdo de una vida pasada, pero que sirve como introducción y epílogo que marcan territorio conocido a la vez que anticipan que esto no se termina aquí.

¿A alguien le importa la trama de Evil Dead: El Despertar? Es puro high concept: alguien encuentra el Necronomicon y comienza el festival gore.

Hay el reencuentro entre dos hermanas cargado de tensión: Beth (Lily Sullivan) vuelve a Los Angeles después de desaparecer en la escena nómade del rock under mientras Ellie (Alyssa Sutherland) era abandonada por su pareja, se hacía cargo sola de sus tres hijos y se volvía una lumpen que vive en un infame edificio a punto de ser demolido. Hay una niña encantadora –Nell Fisher es talento natural como Kassie- y dos adolescentes siendo adolescentes -Bridget (Gabrielle Echols) y Danny (Morgan Davies)- que ven cómo su moderna progenitora deviene en una sucursal del demonio a la búsqueda de las almas de la familia.

La falta de creatividad narrativa se compensa con la imaginación puesta al servicio de un teatro de la tortura en el que cada cuerpo significa una oportunidad de herirlo, mutilarlo, lisiarlo, desgarrarlo y desmembrarlo, y cada subjetividad es manipulable a través de la culpa, la lástima o el miedo.

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Evil Dead: El Despertar

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La crítica inventó un concepto para aceptar ciertas películas del género como forma de arte: el elevated terror. Evil Dead: El Despertar podría calificarse de elevated fan service, porque Cronin no solo pone en escena el espíritu de la franquicia, la satura de referencias y micro remakes, sino que le inyecta su propia personalidad con una atmósfera infecta, buenas actuaciones e ironía postmoderna que expanden la capacidad infecciosa de Evil Dead con una versión elaborada y pulida que acepta alegremente su limitaciones.

La lectura de alegoría en torno a la naturaleza de la maternidad parece ser exagerada. En Evil Dead nada es subliminal, todo es psicodelia hard core y sadismo, la activación de la mecánica del goce perverso, el principio de placer asociado a la destrucción, en el que la sangre es la hipótesis narrativa del cine y que funciona como forma de asimilar de manera simbólica la violencia del mundo contemporáneo. Let it Bleed.

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