REVIEW

Crítica Enola Holmes 2 (2022)

Enola Holmes 2

Crítica Enola Holmes 2

Crítica Enola Holmes 2

La Lengua Popular

3/5

Enola Holmes 2: La Lengua Popularnola Holmes es todo lo que su hermano no es: retobada, imprudente, atrevida, enérgica. Una lady de los suburbios con empatía por lo popular. Por eso no es una simple versión femenina del detective celebrity más aclamado de la historia, sino que construye una identidad propia en los márgenes desocupados por Sherlock. No copia, inventa. Quizás no tenga ese poder deductivo, pero lo compensa con una mirada entrenada, agilidad en la pelea cuerpo a cuerpo y osadía para llegar al fondo del enigma. Menos cognitiva pero más divertida, Enola es ingenio y determinación.

Ese carisma es explotado al máximo en Enola Holmes 2, con el personaje -interpretado por una dinámica e inquieta Millie Bobby Brown– rompiendo permanentemente la cuarta pared para dirigirse al público con toda la torpeza y el encanto de la inexperiencia. La película comienza con una magnífica recreación de la calles de Londres del siglo XIX. Enola es perseguida por dos policías que la arrinconan en un callejón. Atrapada sin salida, se da vuelta para hablarle a la cámara: “Tal vez debería explicar esto”.

A Enola le pesa el apellido. Después de resolver su primer caso (Enola Holmes, Harry Bradbeer, 2020) abre su propia agencia de detectives privados. “Iba a unirme al panteón de los grandes detectives victorianos. Sería su igual, digno del nombre de Holmes. O eso pensaba”. Pero sus clientes potenciales disimilan el insulto detrás de su asombro: “Sos una… mujer”. “¿Vos sos la secretaria? “¿Tu hermano no estará disponible?” Hasta que una púber de clase baja llamada Bessie (Serrana Su-Ling Bliss) le encomienda encontrar a su hermana Sarah, que ha desaparecido. 

Crítica Enola Holmes 2
Henry Cavill, Millie Bobby Brown y Louis Partridge. Foto: Alex Bailey/Netflix © 2022
Crítica Enola Holmes 2
Henry Cavill, Millie Bobby Brown y Louis Partridge. Foto: Alex Bailey/Netflix © 2022

Es interesante ver cómo la figura de Enola Holmes -basada en la saga de libros de Nancy Spreger- cambia el paradigma del policial clásico. Edgar Allan Poe inventó y definió las reglas del género en 1841 con Los Crímenes de la Calle Morgueun fetichismo de la inteligencia pura, del pensamiento al servicio de la ley, que construye la trama sobre las huellas vacías de lo real. Ese cuento inaugura la figura del investigador como el gran racionalista que protege la vida burguesa y resuelve un enigma a partir de una secuencia lógica de presupuestos, hipótesis y deducciones. Conan Doyle siguió esa tradición con su personaje Sherlock Holmes.

Pero Enola es una heroína popular, menos deductiva y más intrépida, que mantiene con la ley una relación contraproducente: ella es casi una delincuente y luego sospechosa de un asesinato. En Enola Holmes 2, la policía deja de tener su estatus protector y parece tener algo que ver con la desaparición de Sarah -el turbio superintendente interpretado por David Thewlis es antológico-. Ya no hay una Razón al servicio de la ley y las clases acomodadas, sino que hay insolencia al servicio de los olvidados de la sociedad.

Enola Holmes 2 no puede escapar a ciertos clichés del género, con una investigación estructurada como cajas chinas en las que una pista lleva a otra y a otra y a otra… pero lo hace con una mirada postmoderna y un montaje dinámico que se mimetiza con la personalidad de su protagonista. El caso de Sarah se relaciona con un fraude bancario que está investigando Sherlock (Henry Cavill) y la película se mueve entre personajes excéntricos -incluida la madre de Enola (Helena Bonham Carter) una figura anarcomaterna-, el enigma a resolver y el comentario social.

La película -y el libro- está basada en un evento real: la historia de Annie Besant y la huelga en 1888 dentro de la fábrica de fósforos Bryant & May en Londres, en la que las trabajadoras pelearon por mejores condiciones laborales. Enola Holmes 2 no es solo la resolución de un caso policial: es una mirada sensible de la existencia de las mujeres y de las condiciones de vida de las clases bajas en la Inglaterra de la era industrial. Menos Conan Doyle y más Charles Dickens: una heroína de la lengua popular. 

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