REVIEW

Crítica Deep Water

Deep Water

Deep Water: Humo Sobre el Agua

Crítica Deep Water

Humo Sobre el Agua

3/5

POR YANIL COLIVA

Deep Water: Humo Sobre el Agual director inglés Adrian Lyne, de 81 años, dejó su huella en Hollywood hace décadas con películas como Fatal Attraction (Atracción Fatal, 1987), Indecent Proposal (Propuesta Indecente, 1993)  y Unfaithful (Infidelidad, 2002): historias sobre cónyuges descarriados y deseos imprudentes. Su regreso a la silla de director, después de 20 años de ausencia, es uno de los puntos atractivos de Deep Water (Aguas Profundas); el otro es que los protagonistas, Ben Aflleck y Ana de Armas, comenzaron a salir en 2019 mientras rodaban la película. 

Y así, como Eyes Wide Shut (Ojos Bien Cerrados, Kubrick, 1999) -con Tom Cruise y Nicole Kidman-, o By the Sea (Jolie, 2015) con Angelina Jolie y Brad Pitt, Deep Water ofrece el espectáculo excitante de una pareja desafortunada en la vida real que interpreta a una pareja desafortunada en la ficción. Pero al contrario de otras películas protagonizadas por personas cuya relación está al borde la ruptura, Affleck y de Armas no tienen química en pantalla. 

Affleck interpreta a Vic Van Allen, quien es fabulosamente rico gracias a su invención de un chip que los militares usan en sus drones en el campo de batalla. En otras palabras, ha inventado algo que ayuda a matar gente, como le recuerdan numerosos personajes a lo largo de la película, pero a él no le importa lo que piensen. Lleno de dinero y jubilado, Vic vive en una lujosa mansión de Nueva Orleans y hace cosas como criar caracoles, publicar una revista de fotografía/poesía y andar en bicicleta por almacenes abandonados.

En cambio, la ocupación de Melinda Van Allen (Ana de Armas) es más tumultuosa, ella se dedica a coger. Sus amantes comparten una condición: son jóvenes y atractivos pero sobre todo, bastante idiotas. Ella los masturba en sus autos o tiene sexo en un armario, le da lo mismo. Lo que realmente la excita es hacerlo en la cara de Vic, su marido que mira sin inmutarse como su mujer lo humilla. 

Uno de los muchos amantes de Melinda, un tipo llamado Martin, desapareció en circunstancias misteriosas, y Vic bromea diciendo que él fue el asesino; incluso asusta al nuevo juguete sexual de Melinda (Brendan C. Miller) contándole esa historia. Pero cuando otro amante de Melinda termina muerto, las bromas de Vic no parecen tan graciosas; de hecho, uno de sus vecinos, un escritor de ficción pulp llamado Don Wilson (Tracy Letts), decide investigar a Vic y descubrir la verdad sobre el asunto.

La película se desarrolla lenta, sin darle a la historia el fondo necesario para entender los motivos detrás de las perversiones de la pareja. Incluso cuando la trama da un giro en el tercer acto, es demasiado tarde. Lyne parece haber perdido el talento para generar suspenso o tensión, sexual o de otro tipo. Esos caracoles apáticos que Vic cría son una metáfora para esta película, que se arrastra con dolorosa lentitud entre los dedos de Vic y sin ir a ningún lado en particular.

Los actores también parecen perdidos, y los dos protagonistas están mal interpretados. A pesar de que varias personas dicen que Vic es “raro” o “no es una persona normal”, Affleck hace poco por cambiar su personalidad básica de obrero, y el personaje parece inerte en lugar de hervir con la rabia interna que imaginamos que poseería. Está en una marcha tan lenta que cuando ese comportamiento comienza a manifestarse, es discordante y poco creíble.

En cuanto a De Armas, tiene la apariencia de una femme fatale, pero su Melinda se presenta como una loca inestable en lugar de, quizás, la esposa aburrida de un hombre rico que busca algún tipo de pasión en su vida. Cualquiera que sea la intención de Lyne, la envió por el camino equivocado. Por otra parte, no podemos decir si Lyne le estaba dando alguna dirección a alguien. Los últimos 15 minutos de la película toman otro giro,  coronado con una de las persecuciones de autos más ridículas que jamás hayamos visto en una película. Luego, todo se detiene en seco. 

Quien busque erotismo o chispa en Deep Water se decepcionará. Los Van Allen son una pareja estancada que renegocia los parámetros de su relación y que usa la toxicidad que genera la infidelidad compulsiva de Melina como combustible para un thriller erótico al que le falta libido. 

Deep Water: Humo Sobre el Agua