REVIEW

Crítica Sin Novedad en el Frente (2022)

Sin Novedad en el Frente

Crítica Sin Novedad en el Frente

Crítica Sin Novedad en el Frente

Operación Masacre

3.5/5

Sin Novedad en el Frente: Operación Masacrein Novedad en el Frente no muestra la guerra como una fábrica de héroes sino como el suicidio asistido y obligatorio de millones de jóvenes decretado en nombre del Káiser, de Dios y de la Patria. No hay épica, hay patetismo. No hay un combate de buenos contra malos sino una histeria homicida sin sentido. La película de Edward Berger no tiene un discurso pacifista, pero le basta con poner en escena un infierno hiperrealista hecho de barro, balas y sangre para ser un alegato irrefutable contra la violencia primitiva del ser humano utilizada por la política. 

La escena introducción es una coreografía de la muerte, con la que Berger muestra la guerra de trincheras en un travelling por la locura acumulada en la conquista de 100 metros de no man’s land en los que morían miles de soldados, para después presentar la hipótesis narrativa de la película: que la vida de un soldado vale menos que su uniforme. Vemos a reclutas desnudar a sus compañeros muertos y todo el proceso de traslado, lavado y cosido de la ropa, lista para ser entregada a los nuevos conscriptos.

A esos que les prometen que “en unas semanas estarán entrando a París”. Paul Bäumer (Felix Kammerer) y sus compañeros de colegio están extáticos, como si ya estuvieran celebrando en el Moulin Rouge. Pero el fervor patriótico les dura poco, cuando descubren que la guerra tiene poco que ver con lo que siempre habían creído que era: el lugar donde entraban niños y salían Hombres y en el que prevalecía la valentía y el honor, con Dios de su lado. La realidad es una experiencia del shock: la I Guerra Mundial es una cloaca inhabitable por la que marchan hacia la muerte.

Crítica Sin Novedad en el Frente
Albrecht Schuch y Felix Kammerer, Sin Novedad en el Frente (2022).
Crítica Sin Novedad en el Frente
Albrecht Schuch y Felix Kammerer, Sin Novedad en el Frente (2022).

Paul es el símbolo de la inocencia perdida. Kammerer hace un trabajo glorioso, como si tuviera el miedo tatuado en los ojos. Su rostro franco transmite la verdad sin máscaras del horror, el via crucis físico y emocional de un adolescente en su odisea lisérgica por los escombros de la humanidad. Una actuación que parece sacada de uno de los mejores films bélicos de la historia del cine: Masacre Ven y Mira (Elem Klímov, 1985), la inspiración más evidente del tono la película, junto con la inmediatez documental de la secuencia inicial de Rescatando al Soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998).

En Sin Novedad en el Frente casi no hay argumentos. Lo que queda es el viaje alucinado de un joven que solo encuentra a su paso destrucción y caos. Berger sabe manejar la tensión intercalando momentos de calma, la nada de la espera, la esperanza de volver a casa o la maldición de volver al frente. La película está llena de detalles que grafican la angustia y la camaradería, la desesperación y la solidaridad, la melancolía por un mundo que sólo pueden recordar. 

En 1930 el cine convirtió un pie de página de la literatura en un clásico. All Quiet on the Western Front (Lewis Milestone), basada en la novela de Erich Maria Remarque, era vanguardista por sus dinámicas técnicas visuales en los principios del sonoro y se transformó en el molde formal para las películas bélicas. La televisión hizo otra adaptación en 1979, más violenta y visceral pero sin el impacto que tuvo la versión de Milestone. Sin Novedad en el Frente 2022 mantiene la seriedad y la urgencia del original, y le agrega la imaginería moderna de los videojuegos y la tecnología digital, que se acoplan hábilmente con la acción.

Una película enfática y opresiva, con una fotografía limpia de filtros oscuros y azules y una partitura embrujada que suena como si la tierra misma estuviera gritando de dolor. Ante la producción masiva de héroes de guerra del cine norteamericanos, Sin Novedad en el Frente es el reverso sin épica ni discursos grandilocuentes, donde la gesta se parece más a un ritual sacrificial y la supervivencia es completamente arbitraria. No hay ansiolíticos éticos ni identificación triunfalista. Lo que muestra es que en una guerra no hay héroes: sólo víctimas.

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