REVIEW

Crítica Resurgir (2022)

Causeway

Crítica Resurgir 2022

Crítica Resurgir

El Arte de Evocar Momentos Infelices

2.5/5

Causeway: El Arte de Evocar Momentos Infelicesauseway (Resurgir) es una película de zombies. No de los clásicos autómatas eat brains, sino de algo más lúgubre: personas rotas, anestesiadas por el dolor, el trauma y la culpa. Muertos en vida intentando reconciliarse con el mundo. Aquí el apocalipsis es interno. 

En su opera prima, Lila Neugebauer hace un estudio sobrio y opaco sobre la fragilidad de la existencia, la necesidad de conectar con los demás y sobre cómo encontrarle sentido a las cosas cuando la tristeza está cosida a la piel y no pertenecés a ningún lugar. 

A Jennifer Lawrence le alcanzó una sola película para revelarse como una de las mejores actrices de su generación: en la épica lumpen Winter’s Bone (Lazos de Sangre, Debra Granik, 2010) hizo una actuación eléctrica que le consiguió un free pass instantáneo al mainstream de Hollywood. Su talento a veces quedó eclipsado por el brillo del espectáculo -con algunos destellos de calidad actoral en las películas de David O. Russell y en Mother! de Darren Aronofsky- y Causeway parece un intento de volver a las raíces indies para reclamar el reconocimiento que alguna vez fue unánime. 

Lawrence hace un papel contenido, disciplinado y lleno de matices como Lynsey, una soldado que regresa a Estados Unidos tras sufrir una lesión cerebral durante la invasión a Afganistán. La introducción de la película es ella intentado ser un adulto otra vez: con las funciones motoras y la memoria dañadas, comienza un período de recuperación lleno de frustración y resentimiento. Cuando regresa a su Nueva Orleans natal, tiene un objetivo inmediato: volver al ejército. 

Crítica Resurgir 2022
Jennifer Lawrence, Resurgir 2022.
Causeway: El Arte de Evocar Momentos Infelices
Jennifer Lawrence y Brian Tyree Henry, Resurgir 2022.

Pero a pesar de estas premisas tan cargadas de sensibilidad, Neugebauer nunca cae en el sentimentalismo fácil y lleva la película a un lugar de intimidad en el que se abren pequeñas subtramas que sirven para representar el background emocional de Lynsey. Resurgir no tiene discurso: no es un alegato contra la guerra ni un arrebato patriótico, sino que utiliza el trauma bélico como disparador de una oscura historia personal, en la que el ejército es menos un lugar de pertenencia que un escape de las miserias de la vida cotidiana. 

Pero si Nueva Orleans es para Lynsey un ecosistema cerrado que puede arrastrarla nuevamente a la decadencia como ya lo había hecho con ella y con su hermano, esta vez vez aparece en escena un ángel tullido con sus propios fantasmas en la espalda: James (un enorme Brian Tyree Henry) es un mecánico dulce y melancólico, con el que comparte un dolor existencial. 

La suya es una amistad menos cargada de tensión sexual que de un romanticismo tenue, que les sirve a los dos para enfrentar sus penas y arrepentimientos más profundos. Neugebauer parte de un principio equivalente al de Alcohólicos Anónimos: sólo aquellos que han experimentado un trauma son los únicos que pueden comprenderse y ayudarse entre sí.

Resurgir podría ser un catálogo de clichés y golpes bajos, pero el guion de Elizabeth Sanders, Luke Goebel y Ottessa Moshfegh evita conscientemente los estereotipados códigos de la superación personal y el melodrama. En su lugar opta por una puesta en escena antiespectacular, minimalista, con diálogos precisos y escenas en las que Lynsey y James fuman, beben o limpian piscinas: la simple búsqueda de la compañía del otro.  

El problema con Resurgir es que no logra representar realmente el mundo interno de sus personajes y se queda a mitad de camino de ser un estudio psicológico profundo. Los personajes están a la deriva y demasiado narcotizados por sus demonios como para que surja alguna clase de rebeldía anímica que haga salir a la película de esa aparente quietud que le resta tensión dramática, como si las situaciones quedaran atrapadas en su propia corrección narrativa y se conformara simplemente con ser el arte de evocar momentos infelices. 

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