REVIEW

Crítica Moonage Daydream (2022)

Moonage Daydream

Crítica Moonage Daydream

Crítica Moonage Daydream

Homo Superior

Dirección y Guion: Brett Morgen  Música: Tony Visconti  País: Estados Unidos  Año: 2022  Duración:  135 min.  

EN CINES: 15 y 18 DE SEPTIEMBRE

4/5

Moonage Daydream: Homo Superioroonage Daydream no es lo que se supone que debe ser un documental: no es la biografía de David Bowie, es la biografía de su sensibilidad. No es el retrato de su carrera sino su celebración. No es una película sobre Bowie sino un nuevo medio expresivo para su creatividad. Por eso es un monumento que evita la museización y la rigidez mitológica para tratar a Bowie como un objeto vivo y dinámico. Lo que queda es un manifiesto estético a una figura irrepetible, una máquina hiperbólica multimedia que parece la alucinación de un apocalipsis a punto de ocurrir. Keep the electrical eye on me, baby. 

Brett Morgen captura la naturaleza mutante del cantante para hacer un cargado asalto onírico audiovisual, un collage narcótico y psicodélico por el que desfila el artista que cambió el mundo mientras se reinventaba a sí mismo. Una ráfaga maximalista de su música, sus pinturas, ideas, influencias y declaraciones -que funcionan como una especie de narración en off- en la que Bowie es menos un objeto de estudio que una hipótesis narrativa: el que traza las líneas de fuerza de un relato en permanente tránsito hacia otra cosa, unido por el hilo invisible de su(s) personalidad(es).

Moonage Daydream comienza con la secuencia adrenalínica -al ritmo del remix de Hallo Spaceboyde un ensueño de la era lunar que marca el tono vertiginoso de la película: imágenes de un eclipse de luna y una niña jugando en su superficie (una animación de Stefan Nadelman) que son intervenidas por un flujo constante de referencias visuales -Murnau, Keaton, Lang, Anger, Kubrick, eventos históricos, películas, pinturas y performances de Bowie-. 

Estos fragmentos le dan a la película un aire surrealista y abstracto que no solo establece influencias sci-fi y de comedia, sino que colocan a Bowie en una serie actoral que subraya su carácter outsider en la industria de la música, el farsante que usó el rock n’ roll como medio para desmitificarlo y mostrar la falsedad de sus íconos. Bowie siempre se sintió un actor y coleccionista de personalidades e ideas, no como un rockstar. Creó un personaje que exhibía todos los excesos del rock en un ideal sintético de atracción camp: Ziggy Stardust, el fauno de la fantasías adolescentes, el alien profeta que se coge a su propio ego.

Crítica Moonage Daydream
David Bowie en el video de Life on Mars? (1973).
Crítica Moonage Daydream
David Bowie en el video de Life on Mars? (1973).

Morgen le da a Ziggy más tiempo en pantalla que a los demás personajes -con versiones en vivo de Oh! You Pretty Things, Moonage Daydream y una performance demoledora e inédita de The Jean Genie con Jeff Beck en guitarra- remarcando su importancia para Bowie: fue el que lo puso en el mapa del pop después de 10 años de buscar reconocimiento. Pero también por algo más importante, el gesto definitivo del artista kamikaze que anuncia la muerte de Ziggy en su mejor momento como suceso popular.

Bowie siempre puso en juego su éxito con propuestas arriesgadas que miraban al pasado para hacer el futuro. Morgen hace un recorrido por más de 50 años de carrera y todas sus metamorfosis, algunas mostradas a un ritmo casi subliminal -la etapa vodevil y folkie de los 60’s, la de esa versión esquizo de Ziggy, Alladin Sane, la del soul plástico de Young Americans, la búsqueda de trascendencia de Blackstar– pero otras con un desarrollo que refleja el impulso creativo de su estadía en Berlín y el optimismo mainstream de su período comercial de principios de los 80’s. 

“No soy un intelectual. Tampoco soy un primitivo. Me describiría como un pensador táctil. Agarro cosas…” El discurso de Bowie es articulado y coherente a lo largo de la película, un viaje a través de reflexiones sobre el tiempo, las palabras, la fragmentación y el vacío interior de la vida moderna, pero sobre todo es un análisis de su propio desarrollo existencial y creativo, de cómo trataba de encontrar significado en un mundo transitorio, una búsqueda de sí mismo en ese plantel de personalidades que reflejaban toda la cultura pop.

No es la primera vez que se hace un documental de Bowie a través de sus propias palabras. Pero la trilogía de Francis Whately (Finding Fame -centrada en los comienzos de su carrera-, la excelente Five Years y The Last Five Years) termina cayendo en las convenciones del género –talking heads y narración cronológica- y no tiene el alcance y la fuerza visual de Moonage Daydream. Como las mejores biopics y documentales de rock, la película de Brett Morgen está hecha del mismo material que su protagonista.

Bowie no reflejaba el tiempo en el que estaba sino que mostraba hacia dónde iba. Morgen hace lo mismo. Para el director la pantalla es un dispositivo polimorfo para colocar distintas imágenes que crean una dramaturgia impresionista llena de contrapuntos que refuerzan o contrastan el relato en un revival de las formas no narrativas de sobrecarga sensorial. No hay linealidad ni causalidad, hay una experiencia inmersiva en la que los mundos alternativos que imaginaba Bowie se sienten confortables y el arte provocador. 

Los verdaderos misterios no pueden resolverse, pero pueden convertirse en mejores misterios. Eso es lo que hace Moonage Daydream con David Bowie.

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