REVIEW

Crítica Los Diarios de Andy Warhol (2022)

The Andy Warhol Diaries

Crítica Los Diarios de Andy Warhol

FRAGMENTOS DE UN DISCURSO AMOROSO

Andy Warhol no creó la cultura contemporánea, pero la cultura contemporánea está hecha a imagen y semejanza de Andy Warhol: el artista que hizo de lo superficial una filosofía, de la fama un culto, de su persona una mercancía, de la banalidad un estilo de vida. The Andy Warhol Diaries retrata la última etapa de su vida y se centra en su sexualidad y sus relaciones personales para mostrar que detrás de la máscara imperturbable de emperador pop había un hombre frágil, que todo lo que necesitaba era amor.

Crítica Los Diarios de Andy Warhol (miniserie)  Dirección y Guion: Andrew Rossi  Fotografía: Maryse Alberti, Wolfgang Held  Música: Brad Oberhofer   País: Estados Unidos  Duración: 395 min. (6 capítulos)  Intervenciones: Deborah Harry, Jerry Hall, Julian Schnabel, Jay Johnson, Cornelia Guest, David LaChapelle, Fab 5 Freddy, Bob Colacello.

DISPONIBLE EN NETFLIX

The Andy Warhol Diaries: Fragmentos de un Discurso Amorosoay un antes y un después. El antes es la revolución freak de la Factory: un casting de artistas, trans, escritores, modelos, gays, músicos, bohemios, que redefinieron lo hip en términos de liberación de las normas sociales. No hacía falta tener talento -aunque en algunos casos lo hubo: la Velvet Underground, Paul Morrisey-, pero sí personalidad. Una versión urbana, insomne y cínica del hippismo de la costa Oeste. Warhol era el centro de gravedad, la fuerza creativa que había cambiado la configuración de la cultura popular y la había elevado a forma de arte. 

El después es la experiencia de la muerte: Valerie Solanas le disparó a Warhol y mató a la Factory.

Solanas -retratada en el film I Shot Andy Warhol (Mary Harron, 1996) y en el capítulo Valerie Solanas Die For Your Sins de la serie American Horror Story (2011)- era una escritora, prostituta, homeless, feminista, esquizo, que le había entregado su obra de teatro Up Your Ass a Warhol para que la produjera. Warhol no tenía ningún interés. Cualquiera podía entrar a la Factory, y Solanas logró colarse muchas veces. Warhol se movía entre la lástima y la curiosidad por ella. Cuando la intensidad y desequilibrio de Valerie se hicieron demasiado evidentes quedó excomulgada del séquito. El 2 de junio de 1968 entró a la Factory y le disparó a Warhol tres veces. Dos acertó. Dijo que Warhol tenía demasiado control sobre su vida.

Warhol llegó clínicamente muerto al hospital. Sobrevivió, pero nunca volvió a ser el mismo. La Factory se mudó y se convirtió en una fortaleza. En poco tiempo cambió de staff. El ambiente de experimentación, decadencia y promiscuidad se transformó en una oficina comercial. Después del atentado, Warhol lanzó la revista Interview y se dedicó a hacer retratos a celebridades que pudieran pagarlos. También comenzó otra cosa: un diario. Grababa todas las llamadas telefónicas y las hacía transcribir. Como si la cercanía de la muerte lo hubiera impulsado a registrar su vida. Lo que comenzó como un archivo de sus negocios se convirtió en algo más íntimo en 1976. Todos los días llamaba a la periodista y amiga Pat Hackett para darle una descripción de lo que había hecho el día anterior. En este punto de la historia comienza The Andy Warhol Diaries (Los Diarios de Andy Warhol). La deconstrucción de un simulacro.

Lo mejor de la serie es que no logra lo que se propone: mostrar al hombre detrás del mito. Pero se acerca. Warhol fue menos una persona que un concepto, como una versión antropomórfica del pop art: una creación que borraba las fronteras entre la realidad y su representación. Sin en el artista no queda nada, porque él mismo fue su mejor obra: aprovechó sus miedos e inseguridades para crear un personaje hecho de silencio, timidez y pasividad que estuvo a la altura de la ambigüedad de su propuesta artística. Warhol y el pop art son dos cosas a la vez: la apología y la denuncia de la sociedad consumo, la celebración y la crítica de la obsesión de Estados Unidos por las celebridades y la cultura mediática. Un objeto y su comentario. 

Con los diarios se aplica el mismo principio: el que los dictó fue el personaje, con la intención de algún día publicarlos, y con una intermediaria de testigo con la facultad de corregir la realidad. Desde la anécdota a la reflexión sobre la vida y la muerte, del comentario morboso sobre la aristocracia a la prevalencia de los negocios sobre el arte, los textos -a veces lúcidos, a veces maliciosos, pero siempre incapaces de exponer su interioridad- sirven de hilo narrativo para lo que termina siendo una especie de autobiografía oral complementada con lo que es el alma del documental: las imágenes de archivo informales y los testimonios del círculo de Warhol. El resultado es la historia de un chico de pueblo (Pittsburgh, Pensilvania), hijo de inmigrantes, gay y católico, que nunca pudo ser lo que quería ser: una máquina. 

The Andy Warhol Diaries: Fragmentos de un Discurso Amoroso
The Andy Warhol Diaries: Fragmentos de un Discurso Amoroso

“Las máquinas tienen menos problemas. Me gustaría ser una máquina. ¿No estás de acuerdo?".

Andy Warhol

Hay un antes y un después. El antes es el Warhol de los 60´s: el ser apático, indolente y asexuado que reunió en torno a él a un grupo de aficionados que tenían todo lo que él sentía que le faltaba: belleza, libido, carisma. Un voyeur mecánico, buscador de lo efímero, tan falsamente ingenuo que resultaba creíble. All you need is pop.

El después es Jed Johnson, un chico recién llegado a Nueva York que fue a entregar un telegrama a la Factory y alguien le dijo que era demasiado lindo para hacer ese trabajo. Que allí lo tratarían mejor. Comenzó con tareas menores, pero su falta de excentricidad y su encanto natural lo hicieron confiable para el grupo. Mientras Warhol estuvo convaleciente de los disparos, se transformó en su enfermero. Fue el primer amor de ambos. Tenía 20 años, Warhol 40.

Hay un capítulo dedicado a Jed, a su historia, a sus intentos de domesticar a un Warhol que había cambiado el ambiente de creatividad de la Factory por otro más tóxico: el de Studio 54, la disco del jet set llena de cuerpos transpirados, drogas y alienación. Un cambio de entorno que vino acompañado de cierto extremismo artístico. Su obra Sex Parts es porno pop: Adonis lascivos, esculturales, en distintas posiciones eróticas que reflejan la nueva fascinación de Warhol por una sexualidad en estado salvaje, que había salido de la clandestinidad para tomar por asalto los clubs de Nueva York al ritmo de la música disco.

The Diaries comienza ahí donde termina el hermetismo de Warhol. Un ocultamiento de su intimidad tan perfecto que llegaba a muchos de sus amigos más cercanos. De alguna manera el documental es antiwarholinao: si al artista le interesaba la superficie, la omnipotencia de las jerarquías y su brillo sin contenido, la nada del ser, The Diaries busca un rastro de humanidad en el centro mismo de su misterio. 

Hay un antes y un después. El antes es Jon Gould, un macho alfa, un proto yuppie, productor de la Paramount, narcisista y superficial, su gran amor. No queda claro el alcance de esa relación, en la que Gould está demasiado preocupado por las apariencias, por los tabúes, por las consecuencias de asumir su homosexualidad. Igualmente, es la época en la que Warhol es menos Warhol: se lo ve sonriente, disfrutando los momentos de intimidad familiar, de los viajes, dejando de lado el semblante de autómata que nunca había abandonado.

El después es el SIDA. La pesadilla gay que diezmó a la comunidad al tiempo que Estados Unidos retrocedía a una estado de conservadurismo, ignorancia y homofobia alentado por las políticas de Reagan. “Falta que pongan a los gays en campos de concentración”. La temática de la muerte y la religiosidad se instalan definitivamente en el imaginario y en el arte de Warhol. La silla eléctrica, suicidios y accidentes tomados de los medios de comunicación hacen un estudio sobre la tragedia en clave. “Los 80’s pondrán a prueba a toda la gente y se quedarán con los sobrevivientes. La gente se convertirá en el futuro o será parte del pasado”. 

Jean-Michel Basquiat fue la estrella fugaz del arte de la década. The Diaries trata de forzar un amor de Warhol que se traduce en paternalismo tierno entre mentor y discípulo. Una amistad que quedó dañada después de que la muestra de su obra en colaboración fuera criticada negativamente por los medios. Un malicioso comentario del New York Times marcó un punto de no retorno entre los dos: “La mascota de Warhol”. La adicción a la heroína de Basquiat hizo el resto.

The Andy Warhol Diaries es en definitiva la historia de Andrew Warhola, un chico tímido que cambió su nombre europeo pero siguió sintiéndose un extranjero en su país; que estaba lleno de complejos que lo hicieron buscar la esencia del american dream en su cultura y en sus cuerpos. El documental parte del concepto freudiano del arte como sublimación. No hace el camino tantas veces transitado del estudio del pop art, que queda relegado por la centralidad de la homosexualidad de Warhol -que a veces bordea el amarillismo-, que termina explicando su obra. Hay otra manera de verlo: el arte no es el espacio donde el ser se manifiesta, sino el espacio donde el artista intenta descubrir quién es. Lo que nunca sabremos es si Warhol pudo conseguirlo. O si siempre lo supo.

The Andy Warhol Diaries: Fragmentos de un Discurso Amoroso
The Andy Warhol Diaries: Fragmentos de un Discurso Amoroso

“Siempre sentí que estaba a medias en todas partes. Siempre sentí que más que vivir mi vidam miraba la televisión. La gente dice que lo que sucede en las películas no es real. Pero lo que no es real es lo que sucede en la vida. En las películas las emociones son fuertes. Mientras que cuando las cosas suceden en la realidad, parecen salidas de la tv. No sientes nada. como cuando me dispararon. desde entonces, supe que estaba mirando la tv. cambian los canales, pero todo es televisión".

Andy Warhol
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