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Crítica Evil Does Not Exist (El Mal No Existe) | El Ruido del Silencio

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En Evil Does Not Exist (El Mal No Existe), Ryûsuke Hamaguchi crea una fábula ambientalista a través del conflicto entre capitalismo y naturaleza.

El ambientalismo anticapitalista de Evil Does Not Exist

Las películas de Ryûsuke Hamaguchi están hechas de diálogos y silencios, pero sobre todo de los espacios que hay entre ellos. Un paisaje, una imagen estática, un cuerpo narrado -imaginado más que exhibido-, una sexualidad lacónica subyacente que funciona como un síntoma de heridas abiertas en la psicología de personajes que se tocan, se pierden, se encuentran por un momento en una realidad que tiende a enrarecerse en una ambigüedad alienante, como el sopor de un sueño.

En el cine de Hamaguchi, ciertos silencios y una deliberada vaguedad en la ejecución cinematográfica se presentan como un olvido que ocurre entre el espacio del plano y el fuera de campo, entre una palabra y otra, en las contradicciones de las frases que intentan explicar la propia contradicción de la ambivalencia de los sentimientos, un entramado a través del cual uno se confiesa o se escuda frente al otro. Hamaguchi entiende no sólo la dimensión sino también las consecuencias de lo dicho y de lo callado: su cine parece girar en torno a esta dinámica, la vida de las palabras y los silencios que se perpetúa en el tiempo y en el celuloide. 

En Evil Does Not Exist (El Mal No Existe), el director japonés hace lo que mejor sabe hacer: encontrar poesía en la discreción de la realidad y poner en el spotlight una sola cosa: la atmósfera. Planos lejanos, imágenes nítidas y, sobre todo, mucho silencio. En términos concretos, la cámara puede posarse sobre el protagonista cortando leña en una toma fija de dos minutos sin que suceda nada inusual. Sin diálogo, sin recortes, sin prisas.

Como un bucle infinito, actividades y movimientos constantes se repiten, acompañados solo por la pieza compuesta por Eiko Ishibashi -que también fue la compositora en Drive My Car–, que realza muchas de las escenas y les da su ritmo especial, una atmósfera situada entre una cierta melancolía cotidiana y una completa paz interior.

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Evil Does Not Exist (El Mal no Existe), una parábola hecha de silencios

Porque por más difícil que resulte involucrarse con el ritmo lento de la película, se desarrolla una sensación única al verla. Un sentimiento que sólo es posible en el medio cinematográfico y que no sólo eleva el minimalismo de la historia, sino que prácticamente la reemplaza. A través de su silencio, Evil Does Not Exist crea valores. No sucede mucho, pero lo que sucede se intensifica hasta la insanía. La mayor beneficiada de esta puesta en escena es la naturaleza. Porque por muy pequeña que sea la trama en sí, no es una película que no tenga temática.

Es precisamente a través de esta creación de valores que la naturaleza y la vida en armonía con ella parecen insustituibles. Y esto a pesar de que la región mostrada tiene poco que ofrecer en términos de flora y fauna. Hayas, pinos, alerces y, de vez en cuando, algún ciervo o faisán. Pero aquí es donde presenta un punto interesante.

A pesar de la aparente magia o encanto asociado con el entorno, la realidad subyacente es más centrada en lo material. Consciente de esta romantización ambientalista, no describe una situación real, sino más bien un estado emocional y, en consecuencia, la destrucción de este estado. Y con ello hace una crítica bastante dura al origen de esta destrucción: el capitalismo.

Lo que Evil Does Not Exist analiza es que el sistema capitalista es uno de rápida destrucción. No hay preservación, sólo supuesto crecimiento. Destruye lo que está tranquilo y existente, destruye la naturaleza y la vida en armonía con ella. Y sobre todo, destruye la existencia y los sentimientos ante la vida. No hay tiempo para la alegría, para lo sensual, para la comunidad. La alternativa es una vida llena de oportunidades desperdiciadas, soledad y frustración. La gente simplemente funciona como un pequeño engranaje en la enorme maquinaria que determina su vida, que la exprime y la escupe a su antojo y sin dudarlo, dejándola sin nada. Todos son reemplazables, olvidables.

En El Mal no Existe, Ryûsuke Hamaguchi hace poesía en movimiento

Evil Does Not Exist expone sus temas a través de sencillas conversaciones cotidianas, los problemas de la gente del pueblo y de los empleados de la start-up que promueve la instalación de un gampling y a través del intercambio entre mundos. Otra vez, las palabras materializan mucho, pero los silencios y los espacios entre ambos terminan de construir la imagen.

El guion de Hamaguchi utiliza el diálogo para aumentar la tensión. Al principio de la película, simples comentarios logran establecer relaciones amistosas y habituales entre los habitantes del pueblo. Durante la secuencia del ayuntamiento, el tono es apasionado, la discusión se eleva, los argumentos no tienen pausas para descansar o reflexionar sobre las ideas de la película. Al equilibrar áreas de silencio y diálogo intenso, Hamaguchi construye in crescendo la magnitud de lo que está en juego, haciendo que los espectadores se hundan en la historia a medida que las tensiones pueden llegar o no a un punto sin retorno. 

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Ryûsuke Hamaguchi, el artista del mundo flotante

Esta dinámica es donde prospera la mayor parte de la película: la vasta extensión de posibilidades narrativas. No sabemos qué pasará y, debido a la falta de detalles, nunca podremos adivinarlo. En su desarrollo, Evil Does Not Exist desentraña su narrativa con la destreza de un cirujano, exponiendo cada estrato de forma meticulosa y fascinante. Las diversas ideas y técnicas en juego culminan en un final que muchos pueden encontrar controvertido o abrupto. Sin embargo, por inesperado que sea, es la culminación definitiva de los temas de la película.

En esencia, Evil Does Not Exist es una historia sobre la división entre personas de diferentes orígenes sociales, políticos y morales, y los problemas que surgen cuando dos partes no se entienden -y nunca se entenderán-entre sí. Si el mal no existe es porque todos nos convencimos de que estamos haciendo lo correcto, como un axioma que proporciona un falso consuelo que nos permite seguir actuando como lo hacemos sin tener el deseo o ver una razón para cambiar nuestras acciones. En este ciclo no hay ganadores: todos perdemos. 

EVIL DOES NOT EXIST (EL MAL NO EXISTE)
4/5
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Dirección

Ryûsuke Hamaguchi

Guion

Ryûsuke Hamaguchi

Fotografía

Yoshio Kitagawa

Música

Eiko Ishibashi

País

Japón

Duración

106 min.

Reparto

Eiko Ishibashi, Ryo Nishikawa, Ayaka Shibutani, Hitoshi Omika, Hazuki Kikuchi, Miura Ryuji Kosaka

Tráiler

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